7 errores estratégicos que ni tú ni tu organización os podéis permitir

Todos nos podemos beneficiar de una visión estratégica de nuestro negocio. Es fundamental que comprendamos que la estrategia no es simplemente la ambición, la visión, la ‘misión’, los valores o la planificación… aunque muchas veces parezca lo contrario.

El núcleo de toda estrategia exitosa consiste en descubrir los factores críticos en una situación y diseñar una forma de coordinar y focalizar acciones para lidiar con esos factores.

Con cierta frecuencia, la mayoría de presentaciones, charlas, retiros y conferencias sobre estrategia no son en realidad ‘estratégicas’, porque cometen el primero de los siete errores que vamos a analizar.

La verdadera estrategia se basa en un plan de acción

Error #1: Confundir ‘estrategia’ con ‘objetivos’

Las personas y empresas nos ponemos de forma rutinaria y con la mejor voluntad una serie de objetivos como perder peso, crecer un 10%, etc. – a principios de año o del ciclo contable suelen ser épocas habituales – y nos auto-engañamos pensando que con ello ya hemos diseñado una estrategia.

Nada más lejos de la realidad.

Si no hay una percepción correcta y honesta de los desafíos a los que nos enfrentamos para alcanzar nuestros objetivos y una hoja de ruta para superarlos, no hay estrategia. Por mucha cháchara, distracciones y muchos PowerPoints o Prezis con los que lo aderecemos.

En mi experiencia y en la de muchas organizaciones, la buena estrategia suele focalizar la energía en uno o pocos objetivos que a su consecución traerán toda una cascada de resultados positivos y beneficios.

Error #2: Confundir ‘liderazgo’ con estrategia

Un/a líder puede establecer una serie de metas y delegar en otras personas el cómo alcanzarlas: pero eso obviamente no es estrategia. De hecho, la mayor responsabilidad del líder debería ser identificar los mayores desafíos al progreso e idear una estrategia coherente para superarlos.

Para los que les gusta apostar fuerte por el liderazgo carismático, recordaré que en sí mismo no es una panacea y puede resultar bastante contraproducente.

Todos recordamos cómo terminó la aventura del ultra-carismático Julio César cuando su objetivo de alcanzar el poder absoluto en Roma no tuvo en cuenta ciertos ‘obstáculos’ como la oposición de muchos senadores.

Error #3: No contar con un buen diagnóstico

Si Julio César murió asesinado en los Idus de marzo fue precisamente porque su diagnóstico con respecto a la reacción del Senado a su eventual vuelta triunfal a Roma fue claramente erróneo.

El contar con un diagnóstico lo más certero posible de los obstáculos y las contingencias con las que nos las tendremos que ver es esencial. De lo contrario, nos veremos abocados a caos como la crisis financiera de EEUU (y posteriormente mundial) en el 2008, en la que los Bernanke, Greenspan o Geithner reaccionaron tarde y mal al desconocer la problemática de fondo.

La buena estrategia depende de un buen diagnóstico

Como los/as profesionales médicos conocen tan bien, cuando no hay un buen diagnóstico, no puede darse una focalización de los recursos y acciones necesarias para la cura.

Error #4: Confundir el pensamiento positivo con el pensamiento mágico

En demasiadas ocasiones – Kennedy y el fracaso de su invasión de Cuba es un ejemplo notorio – una mala estrategia es el resultado de no haber analizado los obstáculos porque simplemente no quieres centrarte en lo negativo.

Este es un prejuicio muy típico del pensamiento ‘New Age’ – el libro de Rhonda Byrne ‘El Secreto’ es quizá su mejor apología – que cree que el no contemplar la negatividad de una situación va a hacer que esta desaparezca o que el optimismo y el pensamiento positivo no deben estar cualificados con un Plan de Acción.

Soy un gran defensor de la Psicología Positiva y creo en el optimismo, pero el mirar para otro lado o el negarse a ver los hierbajos que crecen en tu jardín no dará como resultado un jardín botánico.

La estrategia es siempre el modo de enfrentarse a una dificultad, de encontrar una ruta alternativa, de superar el obstáculo: no de pretender que no existe o que no van a aparecer dificultades hasta en el buen camino.

Error #5: Creer que la buena estrategia es la regla y no la excepción

Cuando una organización como Apple implementa una brillante estrategia que le lleva de estar a dos meses de la bancarrota en 1997 a convertirse en un gigante tecnológico global, ha ocurrido algo extra-ordinario: es decir, sumamente inusual.

Por decirlo de otro modo, la primera ventaja competitiva natural de una buena estrategia es que el resto de personas y organizaciones no tienen una. Es inesperada y es coherente: no un conjunto de aspiraciones e iniciativas cruzadas e inconexas, sino un plan bien diseñado para superar las contingencias.

Si el budismo no sólo permanece sino que florece después de 2500 años es porque Buda creó un sistema de pensamiento y práctica efectivo y holístico para lidiar con el sufrimiento humano y porque muchos de sus mejores seguidores – los/as bodhisattvas – añadieron más y mejores preceptos hasta crear un sistema coherente, replicable y adaptable.

Error #6: Confundir la estrategia con los eslóganes

Los eslóganes – ¡qué grandes los/as copywriters! – actúan en muchas ocasiones como formas sofisticadas de encubrir la falta de pericia, reflexión y análisis.

En un memorándum de un conocido banco se podía leer lo siguiente: ‘Nuestra estrategia fundamental es una de intermediación centrada en el cliente’. Inteligente, pero si de-construimos el término ‘intermediación’ veremos que lo que realmente se nos está diciendo es: ‘nuestra estrategia fundamental como banco es ser un banco’.

‘Apostamos por la evolución del mercado’ es otro buen ejemplo. Los mercados no siempre ‘evolucionan’ de simples a complejos: a menudo ocurre justamente lo contrario. Este tipo de eslóganes a veces maquillan la ignorancia, o en el peor de los casos la mediocridad.

Un eslogan que marcó una época

Error #7: Creer que el obstáculo es el bajo rendimiento

Cuando un/a líder cree que el reto a superar es el bajo rendimiento o la baja productividad de su organización, está creando – aun con las mejores intenciones – una mala estrategia.

El bajo rendimiento es siempre un resultado. Los verdaderos desafíos son las razones del bajo rendimiento. A no ser que contemos con una buena teoría de por qué las cosas no han funcionado en el pasado o el desafío es tan complejo, no generamos una buena estrategia.

Habitualmente se suele culpar de este mal a ‘la falta de ideas y valores comunes’ en la organización. Ya que Corea del Norte no es precisamente un ejemplo de ‘alto rendimiento’, sorprende que se siga creyendo que todo/as debemos valorar y creer en lo mismo para asegurarnos el éxito cuando trabajamos en equipo.

Conclusión

La estrategia conlleva inherentemente la elección: contar con una estrategia supone siempre – al menos inicialmente – escoger una ruta e ignorar las demás.

Cuando una estrategia funciona, tendemos a recordar todo lo conseguido, y no todo lo que se dejó de lado (como ilustra el caso de Intel con las ‘memorias’ antes de que se decantara definitivamente por los microprocesadores).

En el caso de las organizaciones, los cambios estratégicos siempre suponen pérdida de poder e influencia a ciertos grupos. En el caso de las personas, una modificación de nuestras prioridades y objetivos.

Concluyo con una de los mejores citas sobre estrategia que he escuchado en mi vida:

«Si no tienes una ventaja competitiva, no compitas»

Jack Welch
Oscar Del Santo

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