La alegría como GPS de la marca personal

Mucho se ha escrito sobre el éxito como el objetivo a alcanzar (y perseguir) por todos nosotros. Muy poco, sin embargo, sobre cómo orientarnos hacia ese éxito con una guía infalible que nos dirija hacia las situaciones, personas y circunstancias que precisamente nos lo procuren acrecentando nuestra felicidad y sin renunciar jamás a lo mejor de nosotros mismos.

Orientando nuestra marca personal

Específicamente en el proceso de configuración, adecuación y mejora de nuestra marca personal, a menudo nos encontramos ante encrucijadas de las que no sabemos salir y con obstáculos que no siempre acertamos a sortear. Igualmente, nos topamos con un mundo de opciones desconcertantes entre las que podríamos citar:

  1. ¿En qué redes sociales debo contar con una presencia estratégica y cuáles debo ignorar?
  2. ¿Quiénes han de ser mis referentes?
  3. ¿Cómo debo presentar mi imagen?
  4. ¿En qué opciones profesionales me debo centrar?
  5. ¿Cuáles han de ser los principales temas o tópicos en los que basar mi comunicación y cómo abordarlos?

Quiero aquí realizar una propuesta de valor de la guía más segura y de confianza que conozco para llevarnos a buen puerto en esta y muchas otras empresas: la alegría.

Más allá de la resignación

Nuestros tiempos parecen favorecer una disposición estoica hacia la aceptación del sufrimiento, en los que la alegría – esa experiencia que consideramos fugaz pero que todos perseguimos obstinadamente a pesar de todos los pesares – se convierte más en la excepción que en la regla. Quien acepta este estado de cosas se resigna a no vivir una vida en plenitud y a renunciar a una emoción más concreta y profunda que el placer .

La alegría es la mayor afirmación de la vida y el medio más seguro de alinearnos con la fuerza vital y el poder de la existencia. Fundamental en el pensamiento taoista chino, en el cristianismo más auténtico o en las filosofías de Spinoza, Nietzsche o Bergson, la alegría nos invita permanentemente a decir ‘sí’ a la vida y a celebrarla de manera gozosa. Mientras que el placer es efímero, la alegría puede convertirse en un arroyo permanente de satisfacción que nos acompañe en todo momento si sabemos convertirla en nuestra guía fiel.

Cuadro de Robert Delaunay ‘Alegría de vivir’, 1930

La alegría está directamente relacionada con la sabiduría. Ser sabio, al fin y al cabo, es lo que San Agustín (en uno de sus momentos más lúcidos) definió como ‘continuar deseando lo que ya poseemos’. La sabiduría es la demonstración palpable de nuestra libertad interior, y ¿existe algo que nos haga más libres que la alegría? Como todas las cosas buenas, la alegría crece cuanto más la compartimos, como demuestran las explosiones de alegría que generan las victorias de nuestros ídolos o equipos deportivos y que a menudo se convierten en celebraciones jubilosas mundiales.

Es precisamente ese carácter aparentemente irracional e incontrolado de la alegría el que ha hecho que hayan sido una minoría de pensadores los que la hayan colocado en el centro de sus sistemas filosóficos. Y es que la alegría posee un lado imprevisible, gratuito, instintivo: la felicidad se construye, mientras que la alegría se experimenta. Es la alegría la que me lleva a escuchar esa canción, a leer ese poema o a disfrutar de ese paisaje. ¿Por qué no debería ser la alegría la que nos guiara también en nuestras relaciones personales y profesionales, en nuestro storytelling o narrativa particular o en nuestra huella digital?

Sobre la alegría

La filosofía del ya mencionado Spinoza es una filosofía de la alegría, que ignora las concepciones moralistas del bien y del mal tal y como fueron entendidas por buen número de filósofos así como aún hoy por parte de la religiosidad más oscurantista y rancia. Todo organismo, razonó el sabio judío, busca acrecentar su poder vital, su autonomía y así perfeccionarse: y cuando esto ocurre, este proceso siempre va acompañado de una sensación de alegría. La alegría constituye una especie de brújula o GPS que nos guía hacia nuestra plenitud. ‘Todo progreso interior’, había escrito Séneca en la Roma clásica diecisiete siglos antes, ‘va acompañado de la alegría’.

La alegría está presente a nuestro alrededor invitándonos a seguirla en todo momento. Imagen: Omar Campero, Flickr

Examinemos de manera práctica nuestra vida. ¿Qué tienen en común el aprobar ese examen, obtener ese puesto de trabajo que deseábamos ardientemente, curarnos de una enfermedad o forjar una amistad verdadera y duradera? La respuesta es obviamente la alegría que todo ello nos provoca.

San Pablo la describió como uno de los frutos del Espíritu Santo, y Cristo afrimó que había compartido su mensaje con nosotros para que nuestra alegría fuera completa. El gran místico musulmán Rumi nos avisó de que cuando actuáramos desde lo más profundo y auténtico de nuestro ser, sentiríamos un río de alegría fluyendo dentro de nosotros. El monje budista vietnamita que fuera candidato al Premio Nobel de la Paz Thitch Nhat Hanhn nos recuerda que a veces la alegría es la fuente de nuestra sonrisa, pero que también nuestra sonrisa puede ser fuente de alegría.

La alegría perdurable requiere de un uso racional de nuestras facultades, una reorientación de nuestro deseo, la liberación de nuestras pasiones más bajas y una ética que reconozca el carácter profundamente libre y democrático de la misma. Pero igualmente nos requiere un compromiso, una apuesta por dejarnos dirigir por la alegría intuitiva que siempre quiere guiarnos a buen puerto frente a otras voces que nos empujan hacia la crítica moralista, la imposición de nuestras preferencias o que – como bien señaló Nietzsche – buscan siempre desempoderarnos bajo los más variados pretextos.

Frente a ello, el Dalai Lama nos recuerda que la alegría es verdadero poder (y no desde luego el que a veces confundimos con inflingir nuestra voluntad egoísta y autoritariamente sobre los demás) y que por ello debemos cultivarla.

Una guía infalible

La alegría nunca se nos puede imponer, ya que es en sí misma una invitación a desplegar nuestro potencial con un poder curativo, sanador y reparador intrínseco. El gran coach holístico estadounidense Alan Cohen ha realizado la siguiente reflexión sobre ella: «Siempre que tengo que tomar una opción me hago la siguiente pregunta: ¿qué alternativa me hace sentirme más dichoso? Casi siempre es la que siento como más ligera, más libre, más como mi auténtico yo. Me hace sentir como si regresara a casa. Entonces sé que esa es la dirección que debo seguir».

La alegría es una brújula o GPS que todos poseemos y que nos guía hacia la plenitud

La alegría es la afirmación de que el Universo quiere que vivamos en plenitud y que su voz siempre está dispuesta a guiarnos hacia una vida mayor y mejor. Esa es precisamente la voz interior con la que todos nosotros hemos nacido equipados como un regalo del Infinito y que hace que el seguir los dictados de nuestro corazón vaya acompañado de alegría y de paz.

La alegría no se decide ni se decreta: se elige. Va unida a menudo a estados de aceptación gozosa la realidad, de calma, de confianza, de presencia y atención plenas, de gratitud, de benevolencia y de generosidad. Por eso no sólo como nos indica el último libro de Guillem RecolonsSi no aportas no importas‘, sino que si no aportas no estás sembrando las semillas de la alegría en tu vida. También es cierto que hay mucho de sensorial que contribuye a la alegría, y que en la contemplación de las formas bellas, la música (¡o el silencio!), los olores, la luz o los colores nos dejamos invadir por algunas de las alegrías más grandes que muchos de nosotros hemos jamás experimentado.

El filósofo contemporáneo francés Frédéric Lenoir nos recuerda que ‘el más ignorante de los hombres es aquel que renuncia a lo que sabe de sí mismo para adoptar la opinión de los demás’. Frente a tantas recomendaciones, consejos, guías, tácticas, técnicas y estrategias para que nuestra marca personal nos lleve hacia el éxito, quiero proponeros a todos/a (sin de ninguna manera ignorar las más valiosas) el adoptar la alegría como nuestra brújula o GPS y seguirla hasta sus últimas consecuencias.

Creo que es la alegría la que ha llevado a mis queridos compañeros Fátima Martínez a especializarse en TikTok y Pedro Rojas a hacer lo propio con Instagram; a Andrés Pérez Ortega a huir de los rigores de ‘dospuntocerolandia’ y a Laura Chica a escribir sobre la magia de ser nosotros mismos; y al ya mencionado Guillem Recolons a abandonar una lucrativa carrera como publicista y a dedicarse de pleno al fascinante mundo del personal branding. Y a tantos de nosotros a celebrar precisamente con alegría el reciente ‘Personal Branding Day 2020‘, que quizás por ello ha sido un rotundo éxito.

Una invitación a ser tú misma/o

El gran psicólogo suizo Carl Gustav Jung nos habló del proceso de individuación que todos acometemos a lo largo de nuestras vidas y que nos dirige hacia nuestro propio destino. Para implementarlo debemos observar lúcidamente y sin ‘a prioris’ el devenir de nuestra existencia, todo aquello que se nos impone frente a aquello que responde más y mejor a la voz de nuestro interior.

Esa introspección, si la realizamos sincera y profundamente, nos irá llevando a desligarnos de todas aquellas situaciones, personas y circunstancias que simplemente no nos convienen y a elegir aquellas que nos despierten a nuestro auténtico ser. Y la alegría será el sello de aprobación de nuestra elección.

Te invito a una marca personal que refleje lo mejor de ti misma/o guiada por la alegría. La alegría está siempre llamando a tu puerta: ¿estás dispuesta/o a darle una oportunidad?

Oscar Del Santo

2 comentarios en “La alegría como GPS de la marca personal”

  1. Te felicito por este texto y todas las referencias filosóficas, a las que te añado a Miguel Ríos y su himno a la alegría basado en la 9ª Sinfonía de Beethoven, por aquello de darle unas notas musicales a tu prosa.

    Un fuerte abrazo y gracias de corazón por incluirme junto a compañeros que son referentes!

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